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Mis reflexiones al alquilar por primera vez mi barco

Octavi

Soy Octavi Uyà, cofundador de Nautal y os voy a contar mis reflexiones al alquilar por primera vez mi barco.

Todo nació antes que Sal a Navegar, o también se podría decir que Sal a Navegar nació por esto. Estuve contando los días que había navegado en el último año y me salieron unos 34 días: un fin de semana al mes y en verano un par de semanas. 34 días de 365. ¡Menos de un 10%! y eso que considero que navego bastante y ¡siempre había mirado los barcos que nunca veo salir!

Mi barco me suponía un gasto muy elevado pero nunca había pensado en alquilarlo. Las opciones que existían no me convencían.  Yo no quería renunciar a tener mi barco en mi amarre ni a seguir usándolo siempre que quisiera, pero quería un ingreso extra que me permitiera mantenerlo en perfecto estado.

Cuando creamos Nautal obviamente puse mi barco en alquiler siguiendo unos sencillos pasos.

Los trámites fueron: pasar una ITB, presentar un papel de solicitud de cambio de lista en Capitanía (previo pago de la tasa correspondiente), llamar a la aseguradora para complementar el seguro y presentarme en la agencia tributaria para darme de alta en el IVA. Puedes ver aquí más detallados estos trámites
Y ya estaba listo para comenzar a alquilar por lo que di de alta mi amado velero en Nautal.
Tras dos semanas llegó la primera reserva, un chico joven que parecía muy responsable y que me alquilaba el barco por dos días. Pensé, con esto me pago la revisión del motor.
Llegó el día y fui a recoger al chico y a sus amigos al tren. Eran muy simpáticos y me transmitieron confianza.
Llegamos al barco, les expliqué cómo funcionaba todo: baterías, motor, maniobra de las velas, radio, ubicación de todo, etc.
Entonces les dije que teníamos que ir a la gasolinera, dado que tenía que llenar el depósito y que se encargaran ellos de llevarlo. Esto me sirvió para ver que sabían llevar el barco y me tranquilizó. Llenamos el depósito, verifiqué que tenían la titulación necesaria, firmamos el contrato, pagaron la fianza y se fueron.
Ese fue un momento extraño. Nunca había visto marchar mi velero. Durante los dos días que duró el alquiler estuve nervioso. Si veía que soplaba mucho el viento me preocupaba por mi barco y si veía que no soplaba me daba pena porque no podrían disfrutar de lo bien que navega. ¿Estaría yendo todo bien en el alquiler?
Me llamaron el día que acababa el alquiler y quedamos por la tarde. Al verlos aparecer sentí un alivio importante.
Les ayudé a amarrar y, tras revisar el barco y comprobar que estaba todo bien, les devolví la fianza y nos despedimos.
Había ganado 450 euros en dos días y sólo me había costado pasar un poco de nervios.
Ahora, un mes y medio más tarde de este primer alquiler, ya he ingresado lo suficiente para cubrir todos los gastos anuales del barco, incluyendo el alquiler del amarre y estoy muy contento de haber tomado esa decisión.
Una cosa curiosa y en contra de lo que esperaba es que muchos de los alquileres que he tenido son de familias con hijos que quieren una manera distinta de pasar unas vacaciones y que aman el mar, como yo.